Técnicas de Estudio en Salamanca

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Consecuencias de la Sobreprotección

Día tras día vemos en consulta niños miedosos, vergonzosos, tímidos, inseguros, incapaces de hacerse respetar… y no solo niños, sino también adolescentes y adultos, pues si no cambiamos esta forma de ser cuando somos pequeños, suele permanecer y pasar a convertirse en lo que somos, en parte de nuestra personalidad ya forjada.

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Psicóloga Cognitivo-Conductual Sara M Pelaz, en Salamanca

Cuando son niños los que acuden a consulta no solo tenemos que trabajar con ellos, sino con los padres, y de hecho, el trabajo con los padres es el verdaderamente esencial, pues hemos de enseñarles a tratar al niño y por tanto educarle de un modo diferente, haciéndole más seguro de sí mismo, más independiente y más fuerte.

Cuando son adultos los que acuden, tenemos que ir atrás en nuestra historia, tenemos que ahondar en la educación que recibimos de pequeños para de ella partir y comenzar un cambio profundo que no será corto, ni tampoco pan comido.

Parece por tanto, que la educación que recibimos de pequeños es desde luego importantísimo para nuestro posterior desarrollo, y el de nuestra personalidad. Por ello vamos a ver como hay estilos educativos más beneficios y otros menos, y que es lo que como padres o educadores, debemos hacer.

Los niños se han convertido en el centro neurálgico de nuestras casas. Antiguamente eran tratados de manera más indiferente, siendo como por ejemplo dice mi abuela “el último mono de la casa”, sin embargo, ahora son los líderes de la manada.

superpapaLos padres actualmente están dispuestos a actuar como superpapás cuya misión principal es darles el máximo posible a sus hijos, cueste lo que cueste: los mejores colegios, mejores actividades extraescolares, mayor número de experiencias, lo último en aparatos electrónicos… el objetivo es que estén sobradamente preparados para el futuro.

Sin embargo, este modelo de vida puede resultar agotador para los niños, pues conlleva horarios diarios frenéticos, y muchas experiencias a nivel académico y social. Incluso también resultará agotador para los padres que habrán de compaginar su vida con la además intensa agenda de sus hijos.

Además de todo ello, el modelo educador que los padres seguimos es un modelo muy sobreprotector, donde el padre hace todo por su hijo, allana el camino para que no se tropiece con dificultades, le lleva de la mano a cualquier dificultad que pueda surgir, le elimina esa dificultad si fuera posible… y aunque todo ello parece positivo, sin darse cuenta, está haciéndole ver al niño lo necesitado que es de un padre que le guíe, le ayude y le quite las piedras del camino. De modo que poco a poco estaremos haciendo que el niño no se sienta capaz de hacer las cosas por sí mismo, estaremos consiguiendo que el niño tenga una dependencia de sus padres, y él solo, se vea perdido.

Consecuencias del estilo de crianza Sobreprotector 

  • Coarta la adquisición de autonomía o independencia. El mensaje que le damos al niño, al llenar su vida de algodones, ayudarle con cualquier contratiempo, incluso hacer los deberes con él, es que “tú solo no puedes”. Además y por si fuera poco, si alguien está impidiendo que nos equivoquemos como niños, impide aprender de los errores, impide aprender a afrontarlos y a partir de ellos; algo clave en el desarrollo personal.

 

  • Promueve la tiranía y el tener derecho a todo. El psicólogo Michael Yapko, experto en depresión, opina que la familia que evitar responsabilidades a sus hijos puede crear el clima ideal para que el niño desarrolle trastornos en la adolescencia. Así mismo la psicóloga Madeline Levine alerta sobre que la atención desmedida a los hijos puede generar que terminen siendo niños narcisistas y con autocomplacencia excesiva.

 

  • Favorece la aparición de miedos. La sobreprotección impide que sean ellos quien se enfrenten a lo que temen, de manera que estamos evitando la principal forma de superación de miedos.

 

Por todo ello hay que darles responsabilidades y espacio para que se desarrollen sin nuestra constante supervisión, darles nosotros confianza para que ellos mismos desarrollen confianza en sí mismos “si mamá me ha dejado solo es porque cree que puedo hacerlo yo, ¡igual sí que puedo! ¡Vamos a intentarlo!. Tenemos que hacerles entender que tienen derechos y deberes, y que sin los unos, los otros no son posibles; y educar la valentía, la capacidad de esfuerzo, y la tolerancia a la frustración, algo que este modelo de hiperpaternidad olvida, pero que es cada vez más necesario.

La solución es “dejarles a su aire”.

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Psicología Cognitivo-Conductual en Salamanca. Psicóloga Sara Moreno Pelaz

Como padres hay que empezar a relajarse.

  • Observar sin intervenir. No consiste en observar como el niño está a punto de despeñarse y quedarse quieto, sino que supone no anticipar posibles contratiempos futuros, y no ponerse de los nervios ante cualquier posible malestar del niño. Solo hemos de intervenir si la observación nos dice de forma contunde que hemos de hacerlo pues algo está pasando. Si no es así, podemos crear problemas donde no los hay, pues en ocasiones basta tan solo poner una etiqueta a una persona para que ésta comience a actuar en base a a esa etiqueta, y más en los niños. Por ejemplo, llamar a un niño vago y estar encima de él para que recoja las cosas, para que haga los deberes, o para que se ponga en marcha, mientras le repetimos que es un vago y un perezoso, le hace entender que así es y por tanto ha de actuar como tal. Sin darnos cuenta estamos haciéndolo creer que él es de un modo y por ello ha de actuar acorde a ello. Cuando otra vez piense que ha de hacer los deberes él mismo pensara “pero soy un vago… ¡ya lo haré!”, y quizá el niño no era un vago, quizá no hacia las cosas más rápidas o en el momento en el que se lo pedíamos por un motivo, quizá él prefería que lo hiciéramos con él, pues es a lo que estaba acostumbrado, a que siempre estuviéramos con él..

 

  • Dar más responsabilidades. A fin de conseguir que los niños brillen en el ámbito académico, los padres hablan con los profesores, llegando a enfrentarse a ellos si fuera necesario, supervisando sus deberes, haciéndolos con ellos, o haciéndoselos directamente. Y en casa, nada de participar en las tareas domésticas, ya que con tanta actividad extraescolar, los niños están tan cansados y son tan especiales que no tienen tiempo para este tipo de menesteres. Estamos creando adultos “inútiles” en determinados ámbitos, y disculpad la palabra pues tampoco es la adecuada; y al hilo de ella, nunca, nunca deberíamos decírsela a nuestros hijos, ni a nadie si me apuráis. Conviene comenzar a darles responsabilidades, empezando por tareas fáciles, como puede ser alguna tarea de casa, pues aunque no lo hagan perfecto e incluso tengamos que ir detrás de ellos rehaciéndolo (pero por favor,  que no se den cuenta claro), ellos comenzarán a sentirse útiles y capaces, verán que pueden valer tanto como los adultos y que se cuenta con ellos para tareas que son importantes y que ellos las consideran como tales, creando así niños más valientes y más autosuficientes.
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Darle al niño mayor la responsabilidad de echar un mano del cuidado del menor también ayuda a eliminar el posible sentimiento de celos que éste pueda tener, y se sentirá más capaz y querido por tener esa clase de responsabilidad.
  • Recurrir a los límites o normas. Se establecen a través de una palabra sencilla: No! Pero antes de decirle no por todo, él niño ha de conocer los límites, no basta un simple no, se ha de explicar cuál es el motivo, sino aprenderá que es una imposición, pero no sabrá por qué, o incluso no llegará a entenderlo, y buscará el desafío. Basémonos en la comunicación. Pongámonos en su piel, pues dependiendo de la edad tampoco las palabras son tan potentes, a veces tenemos que comunicarnos con ellos a modo de sentimientos.