Terapia de pareja 1ª Parte

1. INTERCAMBIO DE REFUERZOS

El amor consiste en un intercambio de conductas reforzantes. Es decir, consiste en dar y recibir cosas, momentos, gestos… que nos son placenteros. Cuando esto disminuye, cuando ya no hay cariño, o gestos que lo demuestren, cuando no hacemos conductas gratificantes para ambos, cuando no pasamos juntos tiempo de CALIDAD, podemos decir que el amor… comienza a desaparecer. Por duro que sea es así. Si no regamos nuestro amor, como lo haríamos con una planta, lo más seguro es que se marchite, como lo haría una planta.La manera de regar nuestro amor es pasando juntos tiempo de calidad, donde los dos disfrutéis. Y dado que no somos exactamente iguales y no nos gusta lo mismo, en ocasiones también hemos de esforzarnos por hacer que el otro este a gusto aunque a mí esto me guste menos. En otra ocasión ocurrirá al contrario.

Por otro lado, tampoco centrar toda nuestra vida en nuestra pareja. Es un error, pues absorbemos la relación. Ya no solo estamos con la pareja para determinados momentos, ya no nos guardamos los momentos positivos para nosotros, sino que lo hacemos todos juntos. De aquí viene esa frase de “Se nos acabó el amor de tanto usarlo”. Pues es cierto, podemos llegar a agobiarnos, a trivializar la relación, a no valorar los momentos que pasamos juntos, porque ya, ya no son momentos de calidad, simplemente son momentos, es rutina, y ya ni nos satisface ni nos llena.


Por ello tenemos que tener también actividades externas a la pareja, hobbies, momentos para nosotros, cosas que nos hagan “fluir” es decir, sentirnos a gusto y completos por nosotros mismos sin necesidad de que sea en pareja. Esto es simplemente dedicar tiempo a la pareja y a nosotros mismos de manera individual. Preparar actividades en pareja pero también nosotros solos o con amigos por nuestro lado. No podemos tampoco regar a una planta de manera continua o al final la ahogaremos.


Ahora que hemos entendido la importancia del refuerzo en el amor, y por ello en una relación de pareja ¿qué es lo que debemos hacer?

  1. Organizar mi tiempo conjuntamente con mi pareja. 
  2. Buscar y Planificar juntos actividades recompensantes, placenteras para los dos.
  3. Programar cuando y cómo se llevarán a cabo dichas actividades. 
  4. Planificar el resto de mi tiempo de manera individual, buscando hobbies y actividades que me supongan también un disfrute.
  5. Poner en común aquello que hacemos. Comunicándonos más y mejor. Este será nuestro siguiente apartado.

¿Nos ponemos manos a la obra?

Probar no cuesta! 

Nunca (pero nunca) es tarde… Cambia tu error

A veces nos echamos para atrás, Nos da miedo cambiar hoy porque.. total! llevo mucho tiempo así! Por qué iba a poder cambiarlo ahora? Y si pudiera…. ¿Qué pasaría entonces? Nos asusta la incertidumbre, el miedo a lo desconocido… Aunque en principio pueda parecer mejor, pero es desconocido. Y ya sabemos… estos viejos refraneros no siempre tienen razón pero han calado hondo; este dice “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Pero…. ¿Y si no? ¿No te gustaría saberlo?

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Es verdad que la rutina crea el hábito, o el hábito la rutina, y que cuando esto ocurre ya apenas tenemos que pensar para actuar, se ha convertido en algo automático, un proceso automático y ya no tenemos que prestarle atención. Para que nos entendamos… esto es como conducir. Cuando estamos aprendiendo estamos atentos continuamente a todo. Ahora voy a mirar al espejo retrovisor, ahora hacia el lado, ahora voy a fijarme en el cuentakilómetros no vaya a ser que me pase… uy! cuando llegue allí por qué calle habré de entrar? ¿Será la primera dirección prohibida? Os suena verdad? Pero… ¿Y qué pasa cuando llevamos ya un tiempo conduciendo? Era al principio un proceso controlado, que requería mucha de nuestra atención, pero una vez automatizado simplemente ocurre y llegamos a nuestro destino, e incluso podemos preguntarnos ¿Qué es lo que ha pasado durante el camino? No es que no hayamos hecho las cosas que antes hacíamos; seguro hemos mirado al retrovisor y al cuentakilómetros, pero de una forma automática. Tan automática que ya no nos damos cuenta de que estamos haciéndola. Ya es algo que se nos da bien y no reparamos como antes, cuando tratábamos de evitar cualquier error en la conducción a toda costa.

Vaya! Parece que me he alargado un poquito en el la explicación de este símil; pero creo que es necesario.

A veces hacemos cosas porque simplemente llevamos tiempo embarcados en ello. Ya ni siquiera nos damos cuenta de que lo estamos haciendo. Ya ni siquiera prestamos atención a cómo aparece, por qué, y sobretodo pensamos que ya no podemos evitarlo o cambiarlo, o incluso nos da miedo ese cambio dado que de momento… es lo que conocemos.

Pero podemos! Podemos cambiarlo. Solo tenemos que prestar atención a esos hábitos, esas conductas que puede que no nos guste realizar y sin embargo estamos embarcados en ellas día tras día. Pueden ser cosas muy simples como por ejemplo… morderse las uñas. O tan simples incluso como en el caso de mi amigo Pedro. Él tiene tantas ganas de hacer bien el trabajo que hace, y de acabar el primero para poder mostrarle a su jefe que ha conseguido terminar con todo antes que nadie y así poder llevarse un elogio por su interés que no se da cuenta de que intentando hacer muchas cosas a la vez al final lo que suele ocurrir casi invariablemente es que salen mal. Por algún lado o por otro, una de las tareas que realiza necesita más atención, pero no puede prestársela porque está embarcado en poner en marcha el resto de tareas, de modo que al final siempre hay alguna que le sale mal. Pero no se ha parado a pensar qué es lo que ocurre, y porqué siempre falla en su intento por mejorar. ¿Por qué? Pues el caso es que Pedro ha sido así desde siempre en este trabajo. Al principio del día le encomiendan unas tareas que tiene que realizar a lo largo del día sin importar cuando las haga o en qué orden, solo tiene que terminarlas. Por eso, desde el momento en que aprendió cuál era el funcionamiento de todas ellas, se puso a hacerlas todas a la vez, con la consiguiente pérdida de atención individual que las tareas requieren por lo que le salen mal. Pero al haberlo hecho siempre así, apenas ha tenido opciones de poder discriminar cual ha sido el error. 

Esto son pequeños errores que pueden no llevar a nada más pero en otras ocasiones son errores más grandes. Por ejemplo, Ana probó un día un cigarrillo y al final terminó convirtiéndose en un hábito, una adicción. Fue un error probarlo, incluso ella misma sabe que si le hubieran dicho lo que iba a pasar después y la dependencia en la que iba a caer, no lo hubiera hecho. Como este ejemplo podemos poner muchos otros, cualquier adicción a sustancias, o adicciones sin sustancia, como las compras por ejemplo.

¿Veis a donde quiero llegar? En estos casos más graves, cuando hablamos de adicciones, los implicados pueden haberse dado cuenta ya del camino que han elegido y del daño que le está ocasionando tanto física, intelectual, social, como afectivamente. Pero ahora no encuentran el modo de cambiar. No saben cómo hacerlo, e incluso pueden haber intentando diversas soluciones peor no haber dado con aquella definitiva que les ayude a cambiar. En otros casos aun no se han dado cuenta, dado que pueden estar en una fase anterior del problema.

¿Pero… y en estos otros casos más leves, que no generan unas consecuencias tan desastrosas y que aun no nos hemos dado cuenta de que son errores que vamos repitiendo continuamente? Deberemos pararlos antes de que lleguen a constituir uno de esos casos más graves, ¿verdad?

Para todos, tenemos que analizarnos. Busca este tipo de errores en tu vida. Analiza cual fue la primera vez que lo cometiste. Piensa si sabías que al final ibas a llegar a esta consecuencia, o por el contrario esperabas una consecuencia más positiva. Seguro es la segunda opción. En el momento de tomar esta decisión, con los conocimientos y necesidades que tenías, hiciste lo mejor que podías hacer. Hiciste aquello que querías y creías que iba a darte los beneficios que esperabas, sin saber que a largo plazo podrían ocasiones estas fastidiosas consecuencias.

Con todo parece en el fondo parece que no somos responsables de nuestros errores pero eso no es así. Somos responsables en tanto en cuanto ya estamos pagando las consecuencias de nuestros errores.

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Ahora solo tenemos que aceptar lo que ha ocurrido, cómo ha empezado. Pero ante todo tenemos que tener claro que Nunca (pero nunca) es tarde para cambiarlo. Por esto tenemos que ponernos manos a la obra. Buscar los errores, y ponernos en frente de ellos.

  • Aquí estás tú, pero aquí estoy yo. Y pese a que te he mantenido mucho tiempo conmigo, ha llegado el momento de cambiar. De dar un giro. No te quiero aquí por siempre, y no voy a esperar más.

¿Quieres dar el paso ahora? ¡Actúa! ¡Ponte en marcha! y a Saltar obstáculos!