Es Dolor es así. Está ahí.

Buenas tardes! Hoy vamos a hablar un poquito del dolor.

Muchas veces las personas en consulta comentan con preocupación que el dolor no se ha ido… :-¿Por qué sigo sintiéndolo? ¿Por qué no se elimina para siempre? Preguntan.

Una pérdida, un faFeatured imagello, un fracaso, una herida… nos marca, y nos deja un dolor latente. Lo sentimos cuando ocurre, pero a veces parece que no nos abandona, que no se va. No logramos deshacernos de él. Peleamos, luchamos… Incluso a veces se hace tan presente que nos sentimos como un pez luchando para que el agua que le rodea no le toque. Imposible ¿verdad? Pues así nos sentimos a veces, incapaces de nadar en el agua que nos da la vida.

Pero… ¿Y si en lugar de nadar tratáramos de flotar? ¿si tratáramos de dejarnos llevar, sintiendo la caricia de ese dolor pero sin centrarnos en como es esta caricia?

Os lo explico:
El dolor no se puede evitar siempre, ni erradicar por completo. Hay que entender que forma parte de la vida, y tenemos que aprender a convivir con él. Hay muchas cosas que nos pueden marcar. Hay cosas que pasarán hoy y simplemente desaparecerán mañana. Pero hay otras que incluso años después de pasar seguiremos sintiendo. Un recuerdo, una ausencia, un fracaso, un fallo… pero incluso el dolor físico, una herida, una enfermedad que curse con dolor…

Cuando aceptamos que él va a estar ahí y no tratamos de taparlo o eliminarlo, el dolor fluye sin estancarse, aparece, desaparece, se siente más, se siente menos, pero no lo tenemos agarrado, y por tanto lo dejamos ir.

Viene y va pero no lo atrapamos, no nos gobierna, forma parte de nuestra vida, pero no la monopoliza.

Aprende a aceptar que no es posible una vida sin dolor, pero aprende también que la importancia que tiene este dolor es aquel que tú quieres conferirle. Si te aferras a él puede que toda tu vida se base en ese dolor, si lo dejas ir, si sigues viviendo mientras él fluye contigo, será simplemente un compañero de viaje. Sí, molesto; un compañero de esos que tú no elegiste, pero acabó sentándose a tú lado y haciéndose sentir de vez en cuando, con esa voz estridente cuando más tranquilo estás, con ese toquecito inoportuno cuando estás a punto de dormirte.

Pero igual que ese compañero indeseable, el dolor también se bajará en la próxima parada, y te sentirás mejor, lo dejarás alejarse, aunque no lo olvides, nunca te abandonará, quizá en otra parada de nuevo suba al autobús de tu vida, pero no le agarres, déjale estar. Y si no te centras en él, fuerza perderá, y serás tú quién lo controle, y no él a ti.

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